miércoles, 8 de febrero de 2017

El canon de Pachelbel

En medio de una reunión familiar, alguien lanzó la pregunta ¿cómo distinguir la buena música de la mediocre?. Se hizo un silencio que algunos aprovecharon para pensar, y otros para comer. Por fin una voz se alzó entre los presentes. Creo que màs allà de los valores artísticos que reúne la buena música, dijo, hay algo que la define en su totalidad: su permanencia en el tiempo. La buena música es eterna. No muere jamás.

Comulgo con esa definición. La buena música es eterna y trasciende generaciones. Por eso Gardel es inmortal, y los Beatles lo son. Porque no fueron el subproducto de una moda pasajera, sino que ellos hacían música. Ni màs ni menos.

Si Stuck on you es mi canción favorita, debo confesar que hay dos o tres composiciones que amo casi tanto como la canción de Lionel Richie. Ellas son: el Canon de Pachelbel, Greensleeves, el himno nacional ruso y el himno cristiano Come thou fount of every blessing. Supongo que tengo muy definidos mis gustos musicales. No significa que esto sea lo único que me gusta, sino que son mis melodías predilectas.

Hoy quiero referirme al maravilloso Canon de Johann Pachelbel, una de las creaciones más famosas de la mal llamada música culta. Pachelbel compuso esta obra alrededor del 1680, y es sin temor a dudas su obra más famosa.


Esta pieza (que originalmente fue compuesta como variaciones de tres violines en Re mayor, sobre bajo continuo y que ha sufrido alguna modificación en el transcurso del tiempo), es un canto a la música barroca. Como aficionado a lo barroco, aunque no experto, debo decir que esta obra me sabe celestial. La primera vez que la oí, el impacto emocional fue tan grande en el alma, que mientras me enjugaba las lágrimas pensaba: si de verdad existe, así debe sonar Dios...

Aún muchos años después me sigue emocionando como aquella vez. Es tan magistral, bello y perfecto el canon, que me atrevo a decir que debe ser una de las obras más sublimes compuestas por el hombre.

Precisamente aquí, tenemos un ejemplo claro de lo que es buena música. Esta pieza ha sido eternizada en el tiempo, existe hoy y mañana seguirá existiendo cuando las nuevas generaciones vengan a re-descubrirla. La buena música es eterna, no muere nunca.

He decidido ilustrar el canon con algunas versiones bellas e interesantes que he ido encontrando en mi largo peregrinar por la Web. Algunas son geniales, como es el caso de The piano guys. Comparto ahora con ustedes algunas de estas versiones. Presten mucha atención, porque mientras Pachelbel componía esta obra para disfrute de todos nosotros, Dios le dictaba el argumento

Versión aproximada a la obra original





La genial y divertida versión de The piano guys



La divertida parodia del comediante Rob Paravonian, que contrariamente a mis gustos estilísticos parece sentir una profunda aversión por Pachelbel y su canon.



Una hermosa versión en la guitarra del prodigioso Sungha Jung




Para finalizar, como amante de la música celta y el folclore de Irlanda y Escocia dejo aquí esta versión céltica con arreglos de arpa y flauta.




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