sábado, 16 de abril de 2011

Fraudes literarios (segunda parte)

Leyendo la estupenda crítica que M. García Viño, hace de Javier Marías; he pensado mucho sobre lo que conforma a un escritor. Hay buenos y malos escritores, eso está claro. En ocasiones los malos aventajan a los buenos, caso de Paulo Coelho, Dan Brown, Stephenie Meyer, entre otros. De hecho, no hace mucho tuve que padecer que un amigo no solo desconocía la obra de Borges, sino que además nunca había escuchado hablar de él. Lo más triste fue enterarme de que este amigo había leído, entera, la saga Crepúsculo.

No hablo de gustos literarios, que los hay y muy variados por cierto; hablo de reconocer al genio detrás de la palabra. No hace falta ser un autentico versado en letras, para escribir por ejemplo: "A orillas del río piedra, me senté y lloré". El libro no trata más que de eso, y si uno leyó el título, no necesitará continuar con el resto. En cambio, se necesita ser un maestro de la palabra, para escribir como Borges. El autor del Aleph es un cúmulo de talento, metafísica y perfección literaria. Su prosa, tiene los acordes justos de la matemática, que hacen que cada palabra, cada verbo, cada adjetivo funcione como un exacto reloj literario.



En Estados Unidos goza de buena fama, el premio Bulwer-Lytton a los peores escritos del año. Se trata de un concurso al mejor estilo de los Razzies, donde se premia la peor frase original de un texto de ciencia ficción. Algunas de las frases ganadoras en certámenes anteriores (el concurso ya lleva más de una veintena de años) son francamente de antología:

“El Dr. Metzger se giró para saludar a su nuevo paciente, totalmente ignorante de que pronto se convertiría en miembro de una hermandad secreta tan antigua como la propia urología”.


“La noche transcurrió como una piedra en el riñón: dolorosamente y con ayuda de sedantes”.

“Era de noche, y sin embargo llovía…”


“El detective Bart Lasiter se encontraba en su oficina analizando la luz que entraba por una ventana, cayendo sobre su superburrito, cuando se abrió la puerta y apareció una mujer cuyo cuerpo decía “te has comido tu último burrito por ahora”, cuyo rostro decía “los ángeles sí existen”, y cuyos ojos decían que ella podía hacerte cavar tu propia tumba y lamer la pala hasta dejarla limpia”.



“Mónica había explotado, y yo tenía un misterio y pedazos de su páncreas en mis manos”.

"La nave espacial se estaba estrellando, pero, lo más importante es que John y Greta estaban haciendo sexo en ella".

“Con un gesto de entera satisfacción y alegre comparsa, el Sr. Marmolejo comentó su satisfacción”.

“Lo contrario ocurrirá si ocurre lo contrario…"


Es una pena que no exista (o no se haya difundido) un premio de esas características en español. Sin duda tendríamos mucho para premiar.

Como dije, creo que hay buenos y malos escritores; pero algunos de los malos logran posicionarse a base de campañas de Marketing que los respaldan y terminan confundiendo a quienes están poco habituados a la literatura. Es decir, de algún modo, estos escritores terminan transformando la mentira que son, en una curiosa verdad. Quiero hablar aquí (y por eso tan extenso exordio) de dos engendros de esta calaña.


El año pasado cierta noticia sobre un "joven escritor paraguayo" que estaba nominado al Nobel, se coló en internet. Se trataba de Nestor Amarilla (foto arriba), autor de un único libro, pese a lo cual "lideraba las casas de apuestas" y era el "gran favorito" a acceder al preciado galardón literario.

Cómo se puede ser favorito sin ser conocido ni en su propia tierra, es algo que no consigo explicarme. Para quienes no están metidos en el proceso de selección del Nobel, debe haber conformado una grata sorpresa y de haber sido real, habría significado un cambio drástico en ´la historia del Nobel.

Lo cierto es que el tal Nestor Amarilla, nunca, ni en sus más locos sueños, fue tenido en cuenta por el comité de la academia sueca. ¿Cómo llegó entonces a aparecer en la lista de los nominados? Pues bien, resulta que una profesora de literatura y un doctor amigos de Amarilla, fueron quienes presentaron (a título personal o pedido expreso del susodicho) la tan mentada nominación. Vamos a explicarlo mejor. Cualquier ciudadano del mundo puede enviar el curriculo de un autor de su preferencia al comité del Nobel, para que sea considerado. Los ministerios de cultura generalmente envian uno o dos nombres de los que a su criterio son los máximos valores nacionales. En vista de eso, los amigos de Amarilla "candidatearon" a su autor favorito, el comité aceptó la propuesta (para estudiarla) y punto final de la historia. Hay una preselección de nombres donde se muestran todos los curriculos que le han llegado a la academia sueca, y es aquí donde aparece el señor Nestor Amarilla. Luego la academia hace una purga de nombres, quedando al final simplemente una decena de escritores, que son los que REALMENTE ha elegido el comité. De esos nombres se descartan cuatro, y entre los seis restantes, obviamente, se encuentra el virtual ganador del año. Toda esta operación se hace en secreto, por más que siempre los medios y las entidades afines al Nobel, saben con antelación quienes son los favoritos. Nombres como Carlos Fuentes o Vargas Llosa eran numeritos repetidos entre los autores de habla hispana, por eso sorprende pero no tanto que este último se haya alzado con el premio.

Nuestro buen amigo, fue aceptado pero nunca seleccionado por el comité sueco. Pese a ello, este gran delirante se encargó de llamar a todos los medios de prensa paraguayos, para anunciar con bombos y platillos una nominación que solo existió en su ingeniosa cabeza. La academia sueca jamás ha premiado a un autor por su obra, sino por su trayectoria, condición esta última que no goza Amarilla. Además se tiene en cuenta otros factores, como la defensa de alguna minoría, valores esteticos, etc. El único logro que Amarilla tuvo con respecto al Nobel, es que se haya aceptado su inscripción, lo que ya de por si es bastante generoso con su persona. No obstante, cuando el premio le fue adjudicado a Vargas Llosa tuvo el tupé de salir a pronunciarse en favor del peruano, manifestando que era justo merecedor de tal distinción. ¿Y quién si no... acaso Nestor Amarilla?

Supongo que muchos de los que nos lanzamos a alguna aventura artística, tenemos fortalecido el ego. De algún modo buscamos que nos reconozcan, que nos distingan entre la gente. No diré todos, porque yo soy el vivo ejemplo de que algunos no buscamos reconocimiento, sino hacer lo que amamos y sentimos es nuestra vocación. De hecho, yo debo ser el peor crítico de mi obra y de mi persona, no por falsa modestia, sino porque conozco mis limitaciones; pero hay muchos otros que se sienten muy por encima del promedio e intentan convencer a los demás de su verdad. Ese es el caso de Nestor Amarilla, que escribió un único libro y ya sintió que estaba para el Nobel. A estas alturas, creo que hasta el Nobel le queda pequeño a semejante intelecto y por ende, buscará foros más en concordancia con su maravilloso genio.

Aprovecho para contar una intimidad. Hace un tiempo unos amigos me habían puesto en la Wikipedia, acto que agradecí profundamente, sin embargo les escribí un par de veces para solicitarles que dieran de baja "mi página" en la Wiki (creo que al final decidieron escucharme). ¿Por qué? Porque apenas soy un escribidor, o al decir de muchos, un paria literario. Prefiero escribir y que la gente me lea, nada más que eso. Lo de formar parte de una enciclopedia o una antología puede ser un recurso genuino, cuando uno se proyecta en aras de vender su imagen. Por el momento no estoy interesado en eso, tan solo en seguir escribiendo. Creo que uno debe ser consciente del lugar que ocupa en el mundo. No podemos compararnos a las primeras de cambio con nombres de la talla de Gabriel García Marquez, Pablo Neruda, etc. Ojalá uno con los años crezca de manera que pueda ascender al pedestal de esos monstruos de la literatura, pero por ahora nos conformamos con escribir despacito y en silencio, sin hacer alharacas ni bullicios, salvo que uno se llame Nestor Amarilla y pretenda nada menos que el Nobel de literatura.





Si de personajes egocéntricos hablamos, referiré ahora el caso de este buen señor de la foto. Su nombre es Jorge Lemoine y Bosshardt; y además de ser un farsante lo considero escapado de algún psiquiatrico.
Buscando en la web se puede leer de él: Nacido en Argentina en 1948, Jorge Lemoine y Bosshardt es un poeta, plagiador y autopromotor, quizá en orden inverso de relevancia. Es especialmente insistente, y ha creado al menos una veintena de títeres en Wikipedia para reponer una y otra vez el mismo texto. También se autopromociona en todo tipo de foros y ha llegado hasta el extremo de suplantar el nombre de personas críticas con él para autopromocionarse en Wikipedia (por ejemplo, Aitana Cortázar, [1]).

Tiene un concepto de sí mismo tan elevado que se considera «el más grande de todos» y ha llegado a resumir la historia de la poesía contemporánea en dos categorías: poetas plagiados por Lemoine y poetas no plagiados por Lemoine. Su forma de expresarse también es curiosa: abundan las repeticiones de una misma idea.

Me topé con este personaje a raiz de una denuncia planteada en su contra, publicada en REMES. Dicha denuncia versaba sobre el hecho de que Jorge Lemoine había plagiado algunos poemas de otro autor vinculado a la red de REMES. Lo llamativo del caso es que "el plagiador", reconocía con orgullo haber plagiado esos y otros poemas de diversos autores. Investigando un poco más, pude entender que toda la "obra" de este señor estaba basada en poemas de otros. Es decir, a lo único que se dedica es a plagiar poemas que luego publica como de su autoría, y a los que suscribe un comentario por demás elogioso hacia su propia persona, a veces firmado por él a veces firmado con algún usuario falso.

Es un ser muy extraño este Jorge Lemoine. Cada vez que hace sus descargos repite las mismas palabras una veintena de veces. Suele insultar a todo el mundo y siente que es poco menos que Dios. Lo digo sin ningún asomo de sarcasmo ni ironía, realmente es una persona psiquiatrica que necesita tratamiento. No puedo sentir pena por él, dado que "loco" y todo, le encanta burlarse del trabajo ajeno y ofender a quienes nunca le han ofendido. Es triste que exista gente como él, o como el mitómano de Nestor Amarilla. Seres que buscan a toda costa sus quince minutos de fama, erigiéndose ellos mismos en un fraude. A quien nunca le ha gustado la labor del esfuerzo, busca atajos en la vida para llegar antes, donde otros tardaron años en llegar.
El tiempo dirá quienes acertaron el camino, y el olvido se encargará de apartar de nuestra memoria a los mediocres.

4 comentarios:

Mariana dijo...

es increible como algunas personas con tal de hacerse famosos inventan o hacen cualquier cosa, algunos hasta llegan a pagar por eso como es el caso del impresentable de Riky Fort. Muy buen post Leo!!!

Leonardo Siré dijo...

Gracias Mariana. Me alegra que te haya gustado y si, es cierto, algunos hacen de todo para cubrir ese vacío que implican sus existencias. Gracias por darte una vueltita por mi "ranchito", cariños grandes.

Maryan Gonzalez dijo...

He sabido del caso de Nestor Amarilla. En Paraguay, para los que lo conocen y saben de sus andanzas, este tipejo es una verguenza. Al otro que describes (si es un plagiador yo no le llamaría poeta) sinceramente no lo conozco, por más que sea un coterranéo.

Hoy me descargué 3 de tus cuentos Leo, y ya me he leído dos. En cuanto tenga un tiempito libre me someto al tercero en discordia. Muy buen trabajo Leo, te felicito. Me gustó mucho la víspera, y el otro que leí (cuyo nombre ahora se me escapa) también me ha gustado mucho. Sigue así amigo. Sin duda eres un gran escritor. Un beso grande de tu amiga que te aprecia.

Leonardo Siré dijo...

Que lujo tenerte aquí Maryan!!! Gracias amiga por los conceptos, como siempre tan amables. Un cariño grande desde esta margen el Plata, compañera.