viernes, 18 de marzo de 2011

Fraudes literarios, la muerte de la esperanza (Primera parte)



Es un asunto del que ya se ha hablado bastante, pero como internet es un campo fértil para el timo, y como todavía siguen cayendo incautos en las redes de tenebrosos especuladores de nuestros sueños literarios, considero que debo pronunciarme al respecto.



En el año 2002 participé en un concurso de poesía, que promocionaba el "Centro de Estudios Poéticos de Madrid". Nombre pomposo y rimbombante si los hay. Había compuesto un soneto que me sabía, no brillante, pero al menos sí interesante; y deseaba mostrarlo para recoger impresiones.



Cuál no sería mi sorpresa cuando, poco tiempo después de acabado el dichoso concurso, recibo un mail felicitándome por haber sido seleccionado como finalista. Lo que generó ciertas dudas y me hizo desistir de la alegría inicial, fue el hecho de que anunciaban en tono ambiguo, que no había ganado pero que pese a ese "detalle minúsculo" estaba cordialmente invitado a participar con mi obra, en una antología en la que se incluirían los mejores textos del certámen.




Mi fatal decepción sobrevino cuando en el mail de marras se me explicaba que para intervenir en la famosa antología, debía envíar determinada cantidad de dinero, que según se me decía, era a cuenta del libro que iba a recibir. Como dice Carlitos, allí mismo supe que todo era un tongo.




Vamos a explicar como funcionan las cosas. Cuando uno participa en un concurso, si se tiene la fortuna de ganarlo, quienes llevan adelante el certámen le pagan o premian con algo al escritor, y no a la inversa. Se supone que uno, por merecimientos de su obra, es quien debe recibir un premio sea este monetario u de otra índole.


Nunca, y reitero, nunca se debe aceptar el intercambio anterior, salvo que uno no se tome muy en serio este oficio. Un escritor que se respete a sí mismo, no debe pagar jamás en un concurso literario, salvo que ello esté ímplicito en las bases del mismo.


















La arquitectura de este fraude literario está conformada de tal modo, que endulza a los inexperientes. Todos los que escribimos soñamos con ver nuestra obra reflejada en papel, y es por ello que se hace tan efectivo el golpe que descargan sobre nuestra vanidad y ego autoral, los estafadores escondidos tras la estafa.
Internet es el sitio ideal para este tipo de estafas, porque ayuda el anonimato. El enemigo más peligroso, es aquel que no se ve.


Aún hoy, y desde hace bastantes años, me siguen llegando unos supuestos mails de Africa, donde me anuncian que me van a regalar, donar, heredar un millón de dólares. Claro que para hacerme con el tan ansiado millón primero debo enviar el número de tarjeta de crédito, mis datos, etc. De esta forma, quienes se hacen "el millón", son los que me enviaron el mail.



Yo no he caído, pero presumo que si hay tanta constancia de enviar el mismo mail durante años, es porque se trata de un negocio redituable. No caerán cien peces en la red, pero con que atrapen a uno...

Pero volvamos a lo estrictamente literario. No hace muchas horas recorrió la web, la noticia de que habían atrapado a una organización que había estafado a incontables niños y jóvenes tras el fraudulento concurso "Jóvenes escritores". Como se puede leer en el enlace, este grupo se dedicaba a simular un certamen literario en el que se seleccionaban textos, que supuestamente formarían parte de una antología. A los padres de los jóvenes talentos se les requería una suma a cuenta del libro que se les enviaría con los relatos o poemas elegidos. Luego de efectuado el pago, nunca más se volvía a tener noticias ni del libro, ni del concurso, ni de nada.



Además de concursos "truchos" existen las editoriales fraudulentas. Algunas de ellas son Editorial Argenta y Editorial Nuevo Ser. La operación se repite ante la inescrupulosa y poco original forma de operar de los estafadores; te prometen villas y castillos a cuenta del libro que te publicarán, siempre y cuando pagues en cash. Lo que sigue al pago, obviamente es el silencio. Invito a que se den un paseo por este blog: http://www.letralia.com/142/editorial.htm donde se da cuenta de este y otros timos literarios.
Como si fuera poca la desgracia de los escritores noveles, que no solo deben luchar a brazo partido para construirse un nombre (escribiendo a puro pulmón sin agentes, representantes, ni editores amigos), e intentar llegar algún día a jugar para el bando de los editados, publicados y leídos; debemos soportar que nos roben los sueños. Que nos desnuden de lo más caro que tenemos y podemos ofrecer, nuestro trabajo.
Recientemente intervine en un concurso navideño, publicitado por MujerChicMagazine. El mismo estaba dividido en poesía y relatos, los cuales, luego de recibidos eran colgados para descarga y lectura en la propia web. Supuestamente, a los quince días del cierre del certamen, debía estar el fallo con los ganadores. A esos quince días, le sucedieron otros quince sin ningún fallo público. Obviamente al ver que el tiempo pasaba y los administradores del sitio no se pronunciaban al respecto, muchos de los que participamos comenzamos a preguntarnos que había pasado. Luego de diversas manifestaciones en el foro de MCM, "alguien" con el seudónimo PCR, que dijo trabajar para la web, contó algo de que el administrador estaba enfermo, pero que según tenía entendido, los ganadores ya habían recibido su "cuantioso" premio y que si no se había publicitado era porque se necesitaba la firma digital (sic) de los galardonados.
Es más que claro que una respuesta de este tipo no tiene asidero ninguno, y que no ha conformado ni puede conformar a nadie. Es más, de ser cierto, cosa que dudo ¿no debería haberse tomado los recaudos necesarios para informar a los participantes de los problemas que el dichoso concurso pudiese haber generado?
Resulta claro que nunca hubo ni habrá fallo alguno, y que todo no ha sido más que una estratagema para lograr posicionar el sitio y obtener auspiciantes.
Invito y exhorto al que quiera enterarse más, acerca del fraude de MCM, a que visiten el blog de Marve: Singanadores.blogspot
Marve no solo escribe de forma exquisita, sino que es poseedora de una claridad meridiana y una inteligencia sin igual, que desafía a los elementales y básicos intelectos de quienes se aprovechan por un instante de nuestra buena fe. Recomiendo muy especialmente que se den una vueltecita por allí, para que puedan manifestarse si es que han resultado perjudicados por MCM o desean informarse en torno al mencionado fraude.
En próximas entregas hablaré de "Escritores y poetas truchos" y de las grandes estafas literarias de todos los tiempos. Lamentablemente, meterse con el trabajo de los demás, ha sido una costumbre desde el albor de los tiempos. No hay nada nuevo bajo el sol, pues a cada minuto nace un tonto y alguien que saca partido de él.

sábado, 12 de marzo de 2011

Sir Colin Firth, un gentleman ingles


Desde hace unos cuantos años he adoptado la sana costumbre, de no encender la televisión salvo que sea absolútamente necesario. Y la mayoría de las veces, afortunadamente, no lo es.


No concibo pararme frente a "la cajita boba", para destinar mi tiempo a atrocidades como el Gran hermano o las telenovelas latinoamericanas. Me gusta eso sí, ver de cuando en cuando películas, series, documentales y algún que otro partido de futbol. Por eso, las contadas ocasiones en que miro TV, el único canal que admite mi paciencia es el estatal. ¿Por qué? Porque es el único que transmite programación tendiente a la cultura y al ejercicio de lo intelectual.

Gracias a este "buen hábito" allá por el 2002 me topé con una grata sorpresa. En canal 5 SODRE TV (para más datos, el canal público o del estado) habían comenzado a exhibir la galardonada miniserie de la BBC de Londres, Orgullo y Prejuicio, basada en la novela homónima de Jane Austens.


Si el uso "discriminado" que hago de la TV es ostensible, debo aclarar que mis preferencias por la TV pública del Reino Unido no se quedan atrás. Soy un gran consumidor de todo lo que posea la firma de la BBC. Por ello, sólo el hecho de que la BBC auspiciara la serie, ya era razón suficiente para sentarme a disfrutar. No me equivoqué. La historia estaba tan bien llevada, y eran tan excelentes las actuaciones, que adquirí la serie en el idioma original para verla cada vez que mi antojo se manifieste.
Realmente esa serie me encandiló tanto o más que otra serie de la BBC, digna de mención; Norte y Sur. Aún cuando nunca se haya leído a la señora Jane Austens, quien acceda a la serie quedará prendado del tórrido romance que se desata entre Mr. Darcy y Miss Elizabeth Bennet, interpretados de forma magistral por Colin Firth y Jennifer Elhe respectivamente. Los dos actores mantuvieron una relación amorosa mientras duró el rodaje, y creo que algo de esa química impregnó la actuación de ambos en el resultado final. Por aquellos días, se señaló la famosa escena del lago (ver foto más abajo) como la más romántica de la TV, y a Colin Firth como el hombre más sexy del Reino Unido. Probablemente algunas damas lo sigan catalogando de tal.



En Pride and Prejuice conocí al señor Colin Firth y a la señora Jennife Elhe. A partir de allí acompañé buena parte de las aventuras fílmicas posteriores de estos soberbios actores. A él pude verlo más seguido, pues no solo apareció en muchas películas de exito, sino que reconocí en él a un actor versátil y digno de alabanza. Es un gran actor, y con esto no descubro nada, pero permítaseme agregar que es un actor que tiene algo, un no sé que. Algunos dirían magia.



En su última película, El discurso del Rey, disfruté de su soberbia actuación como la del inefable Geoffrey Rush, otro actor de talla. La película es propia para los que como yo, gustan más de un diálogo ingenioso que de un hacha arrancando un ojo. De más está decir que disfruté mucho de la misma, independientemente de mis discrepancias con alguno de los personajes reales, personificados en la película. En ninguna parte de ella se habla de la simpatía que el hermano "disidente" del Rey Jorge VI sentía por la figura de Adolf hitler. Detalles más, detalles menos, la película es muy buena y es llevada en andas por un reparto de actores de raza.



Merecidamente y después de tanto y tanto, la academia entregó el Oscar al mejor actor al señor Colin Firth. Por si fuera poco, a sus atributos artísticos suma el hecho de ser un buen hombre, pendiente de las causas olvidadas. Una persona con inclinación moral hacia la izquierda y a las viejas banderas, dentro de todo lo que un britanico de raza puede considerar como cercano a lo socialista. Por años defendió su voto al Partido Laborista, y aunque en los últimos tiempos se haya declarado como apolítico, mantiene cierta coherencia a la hora de reivindicar premisas de justicia social.
En honor a la verdad, Colin Firth es un actor que me simpatiza, me cae bien y al que admiro en su veta actoral, y es una buena noticia que más allá de los mercederes del cine y sus negociados, se haya designado a este gentleman ingles, como el mejor del año. Ahora es probable que la Reina Isabel, luego de su "visto bueno" a la película que homenajea a su padre, lo nombre Sir. Enhorabuena Mr. Colin Firth por tan justo galardón.

martes, 8 de marzo de 2011

Día internacional de la mujer


Feliz día mujer. A las que luchan, a las que aman, a las que sufren, a las ignoradas, a las que sueñan, a las que esperan, a las que desesperan, a las que viven, a las que sobreviven, a las que cantan, piensan y rien, a las que lloran, a las que están solas, a las que no lo están. Que venga ya ese día, en que este se transforme en un país más solidario, justo e igualitario, con derechos reales e inclusivos, en el cual se dignifiquen a las féminas reconociéndoles su papel en la sociedad. Sin panfletos ni promesas de medio pelo. Que venga ya ese día, en que los hombres aprendamos de las mujeres a conjugar el verbo amar. Salud mujer, compañera y hermana en el camino!!!

lunes, 7 de marzo de 2011

Un monstruo azul venido del cielo (extracto)


En el reloj de la pared, escondido, vive un cuchillo que desgarra el tiempo. Lo cercena minuto a minuto, segundo a segundo. El reloj es de sombra y también es de sangre. De sangrantes minutos, perdidos en el vacío de la nada. Yuri Kanemitsu alza los ojos, verifica los segundos que se escapan por el péndulo en la pared. Tac, tac, tac, dice la voz del reloj. Yuri ha vuelto a cerrar los ojos. La estadística dice que es seis de agosto de mil novecientos cuarenta y cinco. Después lo dirá la historia. El reloj dice ocho y diez de la mañana, pero Yuri no le cree. Prefiere seguir andando el sueño. Tac, tac, tac los minutos le sangran al reloj, los segundos se le agotan. Cada hora tiene su sombra, y detrás de cada sombra acecha la muerte. Tac, tac, tac, dice el reloj, sigue diciendo. Pero Yuri no quiere escucharle. Se da vuelta en la cama y suspira, para retomar un poco de la magia del letargo. Tac, tac, tac…


Tahori Yamimoto va calle arriba, rumbo al taller, en su destartalada bicicleta. Se siente feliz y por eso su cara se sonríe. La espalda se le humedece y él sigue pedaleando, mientras observa. Todos los rostros le parecen familiares, y por vana pretensión, cree que son todos tan felices como él. Ayer le ha pedido a Kazuko que sea su esposa, y esta ha aceptado. Tahori siente que el día, le ha concedido un instante de luz, reflejo de lo que ocurre en su alma. A la altura del colegio Nagatsuka, comienza a sonar la sirena que previene de los ataques aéreos. Tahori redobla el esfuerzo pedaleando más rápido. Ya no ve los rostros, solo mira el camino delante que se alarga. En el camino está el terror. En los huesos y en sus entrañas, está el terror. Piensa en Kazuko. Sin saber por qué, levanta la cabeza. Con ojos pálidos de espanto, lo ve. Un avión nada entre las nubes. Sabe que es un bombardero. De pronto tiene la boca reseca. Traga saliva para quitarse el amargor de la garganta. Tiene un mal presentimiento. Esta vez la amenaza parece real. Sigue pedaleando.

A eso de las dos menos veinte de la mañana, el piloto Robert Claude Eatherly, partió a bordo del B-29 de reconocimiento, “Escalera de color”. Casi una hora antes de que lo hiciera el Enola Gay. Su objetivo era estudiar las condiciones climáticas, y elegir el punto donde arrojar la bomba. Poco después de las siete de la mañana, el sistema de radares de Japón, alertó de la presencia de aviones norteamericanos. El hombre que pilotaba el Escalera de color, notó con aprobación las escasas nubes, el cielo límpido sobre un país de miradas oblicuas. El sol ardía brillante, sin más alternativa que esa. Eatherly repasó la geografía del lugar, hasta que dio con un punto apropiado, desnudo de nubes. Un puente. Dio aviso por radio, proporcionando las coordenadas. Una voz en su cabeza, le dijo que aquello no estaba bien. Trató de ahuyentarla convenciéndose de las vidas que se iban a salvar, con el final de la guerra. No fue suficiente. Aquello no estaba bien. Prosiguió su rumbo, viendo, sin ver, oyendo, sin oír. Y el reloj tac, tac, tac…

El Coronel Paul Tibbets, a bordo de un B-29 perteneciente al escuadrón de bombardeo
393d, despegó desde la base aérea de North Field, en Tinian. Enola Gay llamó a la nave, en honor a su madre, y pintó su nombre en la parte delantera del avión. El coronel Tibbets ha formado parte, desde sus inicios, del “gran secreto” del Proyecto Manhattan. La solución nuclear, para acabar a los enemigos de un tirón. Hombre disciplinado y curtido en los rigores de la guerra, sabe que esta es la misión más importante de su carrera. La noche anterior, los muchachos y él han estado jugando Póker. No tiene demonios que derribar, como Eatherly. Él sólo cumple órdenes y siente que debe hacerlo, por los que se han ido, por los que vendrán. Proporcionar un mal menor, para evitar un mal mayor. Se sabe al borde de la historia, y hacia ella marcha presto. El espíritu en el Enola Gay, es de tensa calma mientras los hombres están llegando a su destino. Luego de recibir las coordenadas, lo disponen todo para soltar sobre Hiroshima, el Little Boy, curioso sofisma con el cual bautizaron a la bomba. A las ocho quince de la mañana, lo lanzan. Tac, tac, tac…

Cincuenta y cinco segundos. Menos de un minuto le llevó a “Niñito”, alcanzar la altura exacta para impactar, a poco menos de seiscientos metros sobre la ciudad. Por culpa de los vientos, no acertó el blanco que se había dispuesto: el puente Aioi; sino que cayó sobre la clínica quirúrgica de Shima. Su explosión fue el equivalente a trece kilotones de TNT, incendiando el aire a una temperatura por encima de un millón de grados centígrados.


Yuri Kanemitsu no supo lo que ocurrió. Apenas alcanzó a vislumbrar una luz cegadora que se colaba por la ventana. Los cristales estallaron en pedazos y la casa entera se derrumbó. Era una luz azul que quemaba todo a su paso. Todo lo que estaba vivo, en un segundo estuvo muerto. Yuri logró abrirse paso entre los escombros. No podía ver nada porque el hongo que produjo la bomba, lo había oscurecido todo como noche cerrada. Cuando pudo empezar a ver, sintió desolación. Giraba sobre sí misma y todo lo que alcanzaba a ver eran las ruinas de las casas y edificios, y los muertos y los heridos. A sus quince años, había pasado a ser una Hibakusha (sobreviviente) y aún no lo sabía.

El hombre que ya estaba allí




Aquella noche murió. Ni ángeles, ni coros celestiales. Apenas un par de rutinarias
formas de ingreso. Después, compareció Dios. ¿Y bien? preguntaron al recién venido.
Quiero entrar al paraíso, supo contestar. Dios le miró, perplejos los ojos. Dubitativo, se
rascaba la barba. ¿El paraíso? Pues… ¡resulta que vienes de ahí!

Este micro fue elegido quinto finalista en el certamen de la Librería mediática.