viernes, 25 de febrero de 2011

Libia: sangre, petróleo y lágrimas


Llama poderosamente la atención, la celeridad con la que Estados Unidos se ha movido en torno al asunto de Libia. De hecho, las últimas manifestaciones de Barack Obama y las reuniones que ha mantenido la secretaria de estado, Hillary Clinton, han sido sorprendentemente claras y unidireccionales. El nuevo gran enemigo público número uno, es: Gadafi.

Lo que decepciona, pero no sorprende, es que no se tuvo la misma prisa en destituir a un "dictador", cuando se dio el mediático golpe de estado en Honduras, hace cosa de dos años. En aquel infeliz episodio, que en poco tiempo se desterró al olvido, la reacción de Estados Unidos fue vacilante, lenta y ambigua. Claro está, había menos cosas en juego, Honduras no es Libia.

Para empezar, Libia es el país con esperanza de vida más alta de África continental. También cuenta con el PIB más alto del continente africano. Además, ocupa el primer puesto en índice de desarrollo humano de África. Detrás de todos esos números positivos, está el petróleo, por supuesto. Libia es rica gracias al oro negro.


Basta leer un cable de Reuters, para comprobar la verdadera urgencia de Estados Unidos y Cía.

NUEVA YORK, feb 25 (Reuters) - Los futuros de crudo en Estados Unidos y los del Brent subieron el viernes y alcanzaron su mayor cierre semanal desde mediados del 2008, por preocupaciones ante las interrupciones de suministro por las protestas en Libia.


Las revueltas en medio Oriente, tienen muy poco de casualidad, y mucho de causalidad. Produce hilaridad ver fotos de las manifestaciones (fuera y dentro de Libia), donde se ha procurado capturar la imagen de las pancartas que, piden la destitución inmediata de Muammar Al Gadafi. Lo curioso es que la mayoría están escritas en ingles, cuando en Libia el idioma oficial es el árabe.



La OTAN ya se encuentra con los dientes apretados, deseosa de salir a la cancha. Es probable que esta historia termine como antes fuera con Hussein, o en el mejor de los casos, como sucedió con el ex-amigo de los Bush, Osama Bin Laden. La historia se repite, porque hay un niño que es dueño de caros juguetes, y otro que es más grande y poderoso planea quitarselos, mientras los demás jugamos a seguir viviendo.

David Bisbal se preocupa porque "las pirámides de Egipto están siendo poco transitadas estos días", la Hillary mantiene constantes reuniones con el sionismo más abyecto, los mercaderes de la muerte ya afilan sus cuchillos, pues la noche podría ser larga; y nosotros, nosotros seguimos resistiendo.

domingo, 20 de febrero de 2011

La bella



Era diminuta y leve. No obstante, bellísima. Trajinaba indiferente, bebiendo una gaseosa. Pretendía, supongo, consolarse de la reverberación del sol de febrero. Mis cansados zapatos corrían desesperados. Debía reunirme con un cliente en el hotel Belmont. Un recibo me había demorado. Aún luego, debía recorrer un par de juzgados, volver a casa, terminar un escrito y preparar una audiencia. Venía con tanto ruido interior, que la aparición me dejó sin aliento. Fue una revelación inesperada. Sospecho que alguien me había reservado esa magia. –Dios existe… –me sonreí. La vi alejarse entre sombras, desterrándome al inexorable olvido. Me acomodé en un banquillo a poner en orden el alma. Desganado, cumplí mi pacto.
-¿Por qué tardó tanto, Doctor? –escuché al llegar. Cuando volteé para enfrentar la voz, el corazón me dio un brinco. Era la bella. Apenas si alcancé a estrechar su mano y balbucearle –usted no me creería si le cuento.

viernes, 11 de febrero de 2011

Jesús Luna


La candente madrugada del nueve de diciembre de 1893, el jurista Jesús Luna se paseaba con un revólver, por la habitación donde yacía, muerta, su amante. La víspera de aquella hora sombría perseguido por una pesadilla tenaz; había soñado a una bella desnuda, disimulada tras una columna de humo cercenando una mandarina. A medianoche, lo despertó un grito multitudinario que estremeció la noche. Al hijo del doctor Alejo Luna, le bastó una vez para comprobar la muerte a su lado. Fatigando las sombras, alcanzó a ver a una silueta que escapaba al galope. Intentó dispararle, pero apenas sonó la descarga fue derribado por dos balazos simultáneos, cuyo origen no pudo precisar. Contuvo el aliento, convencido de la profecía oculta en el sueño. Herido por dos balas mortales, repasó con pena el vencimiento de su suerte. Una alarmada campana advirtió del incendio, pero para ese entonces, Jesús Luna ya estaba muy lejos.