jueves, 1 de julio de 2010

La alegrìa es celeste...






Pequeño gigante nos llamò la FIFA en su pàgina de noticias. El titulo no podìa ser màs acertado. Y es que Uruguay es, junto a los monstruos de Brasil y Argentina, de los ùnicos tres paises del continente, que han alcanzado la gloria mundialista.



Nacì en el 75. Para ser màs preciso, un 28 de setiembre, el mismo dìa que Peñarol, el club de mis afectos. Cuando nacì, hacìa dos años que los milicos habìan dado el golpe militar, es decir que vivìamos en dictadura, y desde el año 70, Uruguay no clasificaba a cuartos de final por una copa mundialista.


Hoy tengo 34 años, y han tenido que pasar cuarenta, para que Uruguay volviese a tener la posibilidad de disputar un pasaje a semifinales. De màs està decir, es la primera vez que veo a Uruguay definiendo un mundial...


La emociòn y la alegrìa es inmensa. No se trata de que hayamos olvidado las penurias que padece nuestro paisito, sino de que el futbol, religiòn nacional de los uruguayos, nos ha devuelto la sonrisa por un instante. Es que un grupo de locos irreverentes, que no estaban en los planes de nadie, se han convertido en la sorpresa de Sudafrica 2010, y el mundo ha comenzado a buscar en Google, a que extraña geografìa pertenece ese insignificante paìs, que ha sabido ser campeòn del mundo en dos ocasiones.





Aunque solo los uruguayos lo tengamos presente, Uruguay fue el primer campeòn del mundo. En 1930 se disputò el primer mundial. Fue en Uruguay, distinciòn que merecimos por haber sido campeones olìmpicos en Colombes y Amsterdam, en el 24 y el 28 respectivamente. Le ganamos a la mítica Argentina 4 a 2, y confirmamos que este minùsculo pais, se hacìa gigante cuando las "papas queman".


En 1950 volvimos a ser campeones, esta vez a domicilio. Para la historia fue el "Maracanazo". Brasil organizaba el mundial y le bastaba con un empate para salir campeòn. Los diarios brasileños tenìan pronta la portada con la foto de su selecciòn. Uruguay silenciò a las 200 mil almas que se congregaron en el Maracanà. Ganò la final 2 a 1 luego de ir perdiendo 1 a 0. Fue tristeza brasilera, y nueva alegrìa celeste.


Desde entonces, los uruguayos hemos vivido con el estigma de la gloria pasada. Nombres como Josè Nasazzi, Obdulio Varela, Schiaffino o Alcides Ghiggia han alcanzado la categorìa de mitos. Y como mitos que son, se nos han vuelto intangibles e inalcanzables.



Luego del 50, Uruguay, solo volviò a brillar en la copa Amèrica, en la cual saliò vencedor 14 veces al igual que la Argentina, y en la copa de oro de campeones, el famoso mundialito del 80. Nuestros dos clubes grandes, Nacional y Peñarol, se cansaron de cosechar cada uno por su lado, copas Libertades e intercontinentales. Pero Uruguay pareciò no volver a tener la fuerza de gloriosas èpocas pasadas.


Como bien señala Eduardo Galeano, nos refugiamos en la nostalgia, que es menos riesgosa que la esperanza; y evocamos las dichas pasadas, aunque estèn lejanas en el tiempo. Los uruguayos creemos que por el mero hecho de haber sido campeones del mundo, todos deben respetar nuestra camiseta, y lo cierto es que nadie nos respeta, porque nadie se acuerda de que alguna vez supimos ser campeones.


Brasil asusta, porque no en balde es el penta campeòn del mundo. Pero ¿Uruguay?. Uruguay hace tiempo que no existe en el concierto mundialista.

Aùn recuerdo cuando en el mundial del 90 en Italia, con el maestro Tabarez de tècnico, Uruguay clasificò a octavos con un tardìo gol de Fonseca, cuando jugamos contra una paupèrrima Corea. Recuerdo que por aquellos dìas, leì una crònica, donde se exponìa el juego que hacìa Uruguay. Segùn dicha crónica, Uruguay trataba de contener al rival, para que este jugara a nuestro ritmo. Algo similar al mediocre futbol que plantea Italia, y que en el 2006 le sirviera para salir campeón.


Cuando leì aquello, pensè: ¿pero solo esto podemos hacer para intentar ganar? Sentì vergüenza, debo reconocerlo. Porque durante años me habìan hablado del Uruguay de los milagros, y de la famosa "garra charrua" que afloraba en los momentos màs difìciles. Y nosotros solo jugàbamos a enlentecer el partido, porque eso si, eràmos lentos, muy, muy lentos. Jugando a nada, y sin un proyecto detrás que nos ampare, no es casualidad que durante 40 años no hayamos logrado nada importante.


Las cosas parecen haber cambiado, y para bien. Uruguay hizo un gran mundial, aùn cuando nadie lo consideraba para superar la primera fase. Nunca fuimos favoritos, y pese a Blatter, a la FIFA (esa indigna multinacional), los jueces y el descredito mundial, Uruguay logrò colarse entre las cuatro mejores selecciones del certamen.
No somos una potencia mundial, nunca lo fuimos, pero hemos logrado cosas importantes. En este mundial ha quedado manifiesto que Uruguay merece ser considerado y respetado. Un paisito insignificante, minùsculo, con poco màs de tres millones de habitantes, y que carga con un pasado glorioso y un muy auspicioso presente.

Fuimos los ùltimos en clasificar. Lo hicimos en silencio, por la puerta de atràs. De Amèrica, somos los ùltimos en irnos, y nos vamos por la puerta grande, en silencio, sin sobresaltos. Somos humildes, no "boquillamos", como otros. Brasil, Argentina, Mexico, eran algunos de los candidatos comunes. Contra las estadìsticas y los pàlpitos, Uruguay mostrò su mejor cara. Y si en verdad hemos heredado algo de la naciòn charrua, probablemente sea esa faceta tìpica de nuestro pueblo: el no entregarnos nunca.

Uruguay dio pelea hasta el final. No pudimos meternos en la finalìsima, como soñabamos con los ojos bien abiertos. La ilusiòn era grande, pero los otros tambièn juegan. Nos faltò mayor fortuna, ya que pedirle honestidad a la FIFA, serìa demasiado. Contra el poderìo econòmico no se puede. La FIFA se quejaba de que con Uruguay perdìa plata, y tarde o temprano algo nos iba a impedir llegar màs lejos. Si no era el futbol, serìan los errores de los jueces, o las dos cosas combinadas.
Aunque tengo bien presente que esto es un negocio, y que lo que mueve al futbol hoy en dìa, es el dinero, me siento orgulloso de ser uruguayo. Me siento honrado de que la celeste mostrara tanta garra. Orgulloso de que mientras el mundo esperaba por Messi, Kaka o Cristiano Ronaldo, terminaran hablando de Diego Forlàn. Seguramente, su papà, el "boniato" Forlàn, se sentirà feliz de que Diego haya demostrado esa calidad tecnica, y ese oportunismo para el gol. Fue distinguido con el balón de oro, y elegido como mejor jugador del mundial, por la prensa internacional y la FIFA. Marcó no solo goles impresionantes, sino además decisivos. Ahora, por vez primera, desde que se computa este logro futbolístico, un uruguayo comparte tal distinción, con jugadores de la talla de Pelè, Maradona, Romario, etc. No es poca cosa.

Me siento feliz y agradecido por este cielo celeste que me cobija. Soy un apasionado del futbol, y màs allà de "los negociados" de la FIFA, el mundial es la mayor cita de este deporte. No es poca cosa lo que hemos logrado, ser la ùnica selecciòn de Amèrica, entre las cuatro mejores del mundo. Algo que màs de uno hubiese anhelado. Solo espero que este precendente, sea mejorado en el futuro, que no muera como tantos proyectos. Pero mejor que esto, ¡solo ser campeones del mundo!
Gracias muchachos por tantas emociones, gracias por ser once leones, sacando la cara por Amèrica. La alegrìa es celeste... arriba Uruguay carajo!!!


























































































































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